El patrimonio del grupo conformado por los 100 mayores propietarios de activos del mundo (G100) creció en 2019 un 6% frente al ejercicio anterior, hasta superar los 20 billones de dólares, según el reciente análisis Top 100 Asset Owners/ The most influential capital on the planet, elaborado por el Thinking Ahead Institute.

El informe,que puede descargarse íntegro aquí muestra que la media de activos bajo gestión se situó en 2019 en 111.800 millones de dólares, lo que supone un aumento con respecto a los 102.900 millones de dólares del año anterior. Los 20 principales fondos suman 11 billones de dólares y representan el 54,4% de los activos en el ranking. El Government Pension Investment Fund de Japón continúa liderando el G100, con una media de 1,6 billones de dólares en activos. Le siguen el Government Pension Fund noruego (algo más de 1 billón de dólares de activos) y el surcoreano Government Pension Fund, (con cerca de 640.000 millones de activos).

En palabras de Raúl Mateos, Head of Advisory en el área de Investments de Willis Towers Watson en España, “los 100 propietarios de activos más grandes del mundo tienen la responsabilidad sobre más de un tercio de todo el patrimonio, lo cual demuestra la gran influencia que éstos tienen sobre el mundo de las inversiones y la responsabilidad de tomar iniciativas que guíen los pasos del conjunto del mercado”.

Según el análisis, el G100 se ha convertido en líder en la integración de la sostenibilidad y en ser inversores más activos, que consideren el impacto que tienen sus inversiones en el mundo real. Estas estrategias incluyen elementos nuevos, tales como: informar sobre los impactos de sus estrategias de inversión (a través del marco de la TCFD y los ODS); reducir las emisiones de carbono de las carteras e invertir en activos que apoyen la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono; y concebir y aplicar estrategias de transición climática que se ajusten al Acuerdo de París.

«En uno de los puntos culminantes del análisis del G100, hemos observado que los fondos están siguiendo estrategias que contribuyen a lograr los objetivos financieros con el menor riesgo posible, pero buscando la sostenibilidad en el medio y largo plazo. Esto es coherente con una nueva era de la sostenibilidad -que hemos denominado como 3.0- que es fundamentalmente diferente de las visiones previas en el sentido de que se considera el impacto de las inversiones, al tiempo que se busca ofrecer mejores resultados para los inversores y ahorradores», según afirma, Raúl Mateos.

El análisis indica además que estas estrategias son más colaborativas y suponen acercarse a distintos grupos de la industria, como los Principios de Inversión Responsable (PRI) y la Net-Zero Asset Owner Alliance, y mejorar los resultados financieros a largo plazo.

En este sentido, María Pedreño, Lead Associate de Investments en Willis Towers Watson, señala además que «Un creciente número de los inversores del G100 están siguiendo los pasos de los estados y las corporaciones en su intención de alinearse con el Acuerdo de París y cumplir con el objetivo de cero emisiones para 2050, a través de sus carteras de inversión. Se trata de un objetivo ambicioso y requerirá nuevos tipos de mandatos de inversión que incorporen explícitamente una nueva dimensión de la inversión después la rentabilidad y el riesgo: el impacto».

El análisis también pone de relieve otros desafíos actuales de los inversores institucionales, entre los que se incluyen el replanteamiento de la misión, visión y valores de los inversores, así como los consiguientes cambios en la estrategia y la cultura; o la optimización de las estructuras de gobierno interno.